jueves, 4 de febrero de 2010

Confesion de Pecado

UN SERMON CON SIETE TEXTOS

Mi sermón de esta mañana se apoyará en siete textos, y, sin embargo, me atrevería a decir que no habrá ni tres palabras diferentes en la totalidad de ellos, pues sucede que los siete textos son todos semejantes, a pesar de que se encuentran en siete diferentes porciones de la santa Palabra de Dios. Sin embargo, necesito utilizarlos a todos para ejemplificar diferentes casos. Debo pedirles a los que trajeron sus Biblias que se refieran a los textos conforme los vaya mencionando. El tema del sermón de esta mañana será: LA CONFESIÓN DEL PECADO. Nosotros sabemos que esto es absolutamente necesario para la salvación. A menos que haya una verdadera confesión de corazón a Dios de nuestro pecado, no tenemos ninguna promesa de que encontraremos misericordia por medio de la sangre del Redentor. "Mas el que confiesa (los pecados) y se aparta (de ellos) alcanzará misericordia." Pero no hay ninguna promesa en la Biblia para el hombre que no confiese sus pecados. Sin embargo, como sucede con cada punto de la Escritura, hay un riesgo de que estemos engañados, y muy especialmente en el tema de la confesión del pecado. Hay muchos que hacen una confesión, y una confesión delante de Dios, pero, a pesar de ello, no reciben ninguna bendición, porque su confesión no contiene ciertas señales que son requeridas por Dios como demostración de que son genuinas y sinceras y que prueban que se trata de la obra del Espíritu Santo. En esta mañana mi texto consta de dos palabras, "He pecado". En unos casos de tres, "Yo he pecado". Y ustedes verán cómo estas palabras, en labios de diferentes hombres, indican sentimientos muy diferentes. Mientras que uno dice "he pecado", y recibe el perdón, otro que analizaremos dice: "he pecado" y prosigue su camino para ennegrecerse con peores crímenes que antes, y sumergirse en mayores profundidades de pecado que hasta ese punto hubiere experimentado.

El Pecador Endurecido

Faraón: "He pecado". Éxodo 9: 27.
I. El primer caso que voy a presentar ante ustedes es el del PECADOR ENDURECIDO, que cuando está bajo el terror dice: "he pecado". Y podrán encontrar el texto en el libro de Éxodo, en el capítulo 9 y versículo 27: "Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez; Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos."Pero, ¿por qué se dio esta confesión de labios del tirano altivo? El Faraón no acostumbraba humillarse delante de Jehová. ¿Por qué se inclina el orgulloso? Ustedes podrán juzgar sobre el valor de su confesión cuando oigan las circunstancias bajo las cuales fue hecha. "Y Moisés extendió su vara hacia el cielo, y Jehová hizo tronar y granizar, y el fuego se descargó sobre la tierra; y Jehová hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto. Hubo, pues, granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande, cual nunca hubo en toda la tierra de Egipto desde que fue habitada.""Ahora" -dice Faraón, cuando el trueno está retumbando a lo largo del cielo, y los relámpagos están prendiendo fuego al propio suelo, y el granizo está cayendo en grandes trozos de hielo, ahora, dice él: "he pecado". Faraón no es sino un tipo y un espécimen de multitudes de personas de la misma clase. Cuántos rebeldes empedernidos a bordo de un barco, -cuando los maderos se ven forzados y crujen, cuando el mástil está roto, y el barco es arrastrado por la corriente y azotado por el temporal, cuando las hambrientas olas abren sus fauces para tragarse al barco entero y a los tripulantes vivos, como son tragados los que descienden al Seol- cuántos marineros empedernidos han doblado su rodilla, y con lágrimas en sus ojos han clamado: "¡he pecado!" Pero, ¿de qué provecho y de qué valor fue su confesión? El arrepentimiento que nació en la tormenta murió en la calma; ese arrepentimiento que fue engendrado en medio de los truenos y de los rayos, feneció tan pronto todo fue acallado en la quietud, y el hombre que era un pío marinero cuando se encontraba a bordo del barco, se convirtió en el más malvado y abominable de los marinos cuando puso su pie sobre terra firma (en tierra firme).¿Cuán a menudo, también, no hemos visto esto en una tormenta de truenos y relámpagos? Las mejillas de muchos empalidecen cuando oyen el retumbo de los truenos. Cuando las vigas de sus casas están temblando, y el propio suelo a sus pies está vacilando ante la voz de Dios llena de majestad, las lágrimas brotan de sus ojos y claman: "¡oh Dios, he pecado! ¡Pero ay, por ese arrepentimiento! Cuando el sol brilla de nuevo, y las nubes negras se disipan, el pecado viene de nuevo sobre el hombre, y él se torna peor que antes. ¡Cuántas confesiones del mismo tipo, también, hemos visto en los tiempos del cólera, y de la fiebre y de la pestilencia! Entonces nuestras iglesias se han visto atiborradas de oyentes, que, debido a que tantos funerales han traspasado por sus puertas, o debido a que tantos han fallecido en las calles, no podían dejar de subir a la casa de Dios para confesar sus pecados. Y por causa de esa visitación, cuando una, dos, o tres personas han muerto en la propia casa, o en la casa vecina, ¡cuántos han pensado que realmente se volverían a Dios! Pero, ¡ay!, cuando la pestilencia hubo cumplido su tarea, la convicción cesó; y cuando la campana hubo tañido por última vez por una muerte causada por el cólera, entonces sus corazones cesaron de latir con penitencia, y sus lágrimas dejaron de brotar.¿Cuento en esta mañana con algunas personas de esas? No dudo que cuente con personas empedernidas que escarnecerían a la propia de religión, que me considerarían un farsante y un hipócrita si me esforzara por convencerlos de la religión, pero que saben muy bien que la religión es verdadera, ¡y que lo sienten en sus momentos de terror! Si hay aquí esta mañana algunas personas de esas, permítanme decirles solemnemente: "señores, ustedes han olvidado los sentimientos que experimentaron en sus horas de alarma; pero, recuerden, Dios no ha olvidado los votos que hicieron entonces." Marinero, tú dijiste que si Dios te daba vida para ver otra vez la tierra firme, serías Su siervo; no lo eres; has mentido contra Dios; le has hecho una falsa promesa, pues nunca has cumplido el voto que tus labios expresaron. Tú dijiste, sobre el lecho de enfermo, que si Dios te daba la vida, no pecarías nunca más como lo hiciste antes; pero aquí estás, y tus pecados de esta semana hablarán por ellos mismos. No eres nada mejor de lo que eras antes de tu enfermedad. ¿Acaso podrías mentir a tu semejante y quedar sin censura? ¿Y piensas tú que vas a mentir contra Dios y quedar sin castigo? No; el voto, aunque haya sido hecho imprudentemente, es registrado en el cielo; y aunque sea un voto que el hombre no pueda cumplir, sin embargo, como es un voto que él mismo ha hecho, y que además, lo ha hecho voluntariamente, será castigado por su falta de cumplimiento; y Dios ejecutará venganza en contra de él al final, porque dijo que se volvería de sus caminos, y luego, cuando la desgracia hubo concluido, no lo cumplió. Un gran clamor se ha elevado recientemente en contra de los permisos de salida de los reos; no tengo ninguna duda que hay algunos hombres aquí que delante del alto cielo están en la misma posición que los reos con permiso de salida están en relación a nuestro gobierno. Estaban a punto de morir, según pensaban; prometieron portarse bien si se les podía perdonar, y están hoy aquí con permiso de salida en este mundo: ¿y cómo han cumplido su promesa? La justicia podría alzar el mismo clamor contra ellos como lo alzan las personas en contra de los ladrones que son dejados en libertad tan constantemente en medio de nosotros. El ángel vengador podría decir: "oh Dios, estos hombres dijeron que si se les perdonaba serían mucho mejores; pero solamente son peores. ¡Cómo han violado su promesa, y cómo han atraído la ira divina sobre sus cabezas!Este es el primer estilo de penitencia; y es un estilo que yo espero que nadie imite, pues es completamente inútil. De nada les sirve decir: "he pecado", simplemente bajo la influencia del terror, para luego olvidarlo posteriormente.



El Hombre de Doble ÁnimoBalaam: "He pecado". Números 22: 34.
II. Ahora vamos con un segundo texto. Les voy a presentar otro carácter: el hombre de doble ánimo, que dice: "he pecado", y siente que ha pecado, y lo siente incluso profundamente, pero que es de mente tan mundana, que "ama el premio de la maldad". El personaje que he elegido para ilustrar esto, es Balaam. Vayan al libro de Números, al capítulo 22 y versículo 34: "Entonces Balaam dijo al ángel de Jehová: He pecado.""He pecado", dijo Balaam; sin embargo, prosiguió después con su pecado. Uno de los caracteres más extraños del mundo entero es Balaam. A menudo me he maravillado ante ese hombre; él pareciera encarnar realmente, en otro sentido, los versos de Ralph Erskine:

"Al bien y al mal igualmente inclinado,Y a la vez un diablo y un santo."

Pues realmente parecía ser ambas cosas. En algunos momentos, nadie podía hablar más elocuentemente y más verazmente, y en otros momentos Balaam exhibía la más ruin y sórdida avaricia que pudiera deshonrar a la naturaleza humana. Imagínense que están viendo a Balaam: está parado en la cumbre del cerro, y allí están las multitudes de Israel a sus pies; se le pide que los maldiga, y clama: "¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo?" Y cuando Dios abre los ojos de Balaam, comienza a hablar incluso de la venida de Cristo, y dice: "Lo veré, mas no ahora; lo miraré, mas no de cerca." Y luego concluye su disertación diciendo: "Muera yo la muerte de los rectos, y mi postrimería sea como la suya."Y ustedes dirían de ese hombre que es un carácter esperanzador. Esperen a que baje de la cima del monte, y le oirán dar el más diabólico consejo al rey de Moab, un consejo que era posible que el propio Satanás lo sugiriera. Balaam le dijo al rey: "no podrías vencer a este pueblo en la batalla, pues Dios está con ellos; intenta alejarlos de su Dios." Y ustedes saben cómo los habitantes de Moab, con lascivias desvergonzadas trataron de alejar a los hijos de Israel de la lealtad a Jehová. De tal forma que este hombre parecía tener la voz de un ángel en un momento, y, sin embargo, la propia alma de un diablo en sus entrañas. Él era un personaje terrible; él era un hombre de dos propósitos, un hombre que iba en gran medida hasta el fin siguiendo dos propósitos.Yo sé que la Escritura dice: "Ninguno puede servir a dos señores". Ahora, esto es malentendido con frecuencia. Algunos lo leen: "Ninguno puede servir a dos señores." Sí puede; puede servir a tres o a cuatro. La manera de leerlo es esta: "Ninguno puede servir a dos señores." Ambos no pueden ser señores. Puede servir a dos, pero ambos no pueden ser su señor. Un hombre puede servir a dos que no sean sus señores, o podría servir hasta veinte; él podría vivir para veinte propósitos diferentes, pero no puede vivir para más de un propósito rector, pues sólo puede haber un propósito rector en su alma.Pero Balaam se esforzaba por servir a dos señores; era como la gente de la que se decía: "Temían a Jehová, y honraban a sus dioses." O como Rufus, que era una hogaza de pan de la misma levadura; pues ustedes saben que nuestro antiguo rey Rufus pintó a Dios de un lado de su escudo, y al diablo del otro, y abajo escribió el lema: "disponible para los dos; sigo al que pueda." Hay muchas personas de ese estilo que están listas para ambos. Cuando se encuentran con un ministro, cuán píos y santos son; el día domingo esas personas son la gente más respetable e íntegra del mundo, según pensarías; en verdad, hasta afectan un amaneramiento al hablar, afectación que consideran eminentemente religiosa. Pero en los días de semana, si quisieras encontrar a los mayores pillos y tramposos, son precisamente algunos de esos hombres que son tan mojigatos en su piedad.Ahora, tengan la seguridad, mis queridos lectores, que ninguna confesión de pecado puede ser genuina a menos que sea hecha de todo corazón. De nada sirve decir: "he pecado", y luego seguir pecando. "He pecado", dices tú, y muestras un rostro sereno, muy sereno; pero, ¡ay!, ¡ay!, por ese pecado que cometerás cuando te alejes. Algunos hombres parecieran haber nacido con dos temperamentos. Cuando estaba en la biblioteca de Trinity College, Cambridge, observé una hermosa estatua de Lord Byron. El bibliotecario me dijo: "párese aquí, señor". Miré, y dije. "¡qué hermoso rostro intelectual! ¡Qué gran genio era!" "Pase por aquí" -me dijo- "al otro lado". "¡Ah, qué demonio! Allí está el hombre que desafió a la Deidad." Parecía tener tan mal cariz y tan terrible mirada en su rostro que semejaban la pintura que Milton hizo de Satanás cuando dijo: "mejor reinar en el infierno que servir en el cielo." Yo me alejé y le dije al bibliotecario: "¿crees que el artista diseñó esto?" "Sí" -respondió- "deseaba pintar los dos caracteres: el grande, grandioso, el casi sobrehumano genio que poseía, y también la enorme masa de pecado que albergaba en su alma." Hay algunos hombres de ese mismo tipo. Me atrevo a decir que, como Balaam, quisieran demolerlo todo usando como argumento sus encantos; podrían obrar milagros; y, sin embargo, al mismo tiempo, hay algo en ellos que revela un hórrido carácter de pecado, tan grande como el que parecería ser su carácter por la justicia. Balaam, ustedes saben, ofreció sacrificios a Dios sobre el altar de Baal: ese era justamente el tipo de su carácter. Muchos lo hacen; ofrecen sacrificios a Dios en el santuario de Mamón; y aunque dan para la construcción de una iglesia, y distribuyen a los pobres, en la puerta contigua de su despacho trituran al pobre por pan y exprimen la propia sangre de la viuda, para poder enriquecerse. ¡Ah!, es inútil y vano que digas: "he pecado" a menos que quieras decirlo de todo corazón. Esa confesión del hombre de doble ánimo no sirve de nada.


El Hombre Insincero SAÚL: "He pecado". 1 Samuel 15: 24.
III. Ahora un tercer carácter y un tercer texto. Lo encontramos en el primer libro de Samuel, en el capítulo 15 y versículo 24: "Yo he pecado".Aquí tenemos a un hombre insincero: el hombre que no es como Balaam, sincero hasta cierto punto en dos propósitos; sino el hombre que es exactamente lo contrario: que no tiene un punto prominente en su carácter del todo, sino que es moldeado permanentemente por las circunstancias que atraviesan sobre su cabeza. Saúl era un hombre así. Samuel lo reprendió y él dijo: "Yo he pecado". Pero no quiso decir lo que dijo, pues si leen el versículo completo lo encontrarán diciendo: "Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos", lo cual era una excusa mentirosa.Saúl nunca le temió a nadie; siempre estaba muy listo para hacer su propia voluntad: él era un déspota. Y justo antes había aducido otra excusa: que había salvado los novillos y las ovejas para ofrecerlos a Jehová, y por tanto, ambas excusas no podían haber sido verdaderas. Ustedes recuerdan, amigos míos, que la característica más prominente del carácter de Saúl era su insinceridad. Un día sacó a David de su cama, -como él pensaba- para matarlo en su casa. En otro momento declara: "Vuélvete, hijo mío David, que ningún mal te haré más." Un día, debido a que David le salvó su vida, Saúl dijo: "Más justo eres tú que yo; no te perseguiré más", y eso lo dijo el día antes de salir a luchar contra su propio yerno, para matarlo. Algunas veces Saúl estaba en medio de los profetas, fácilmente convertido en profeta, y luego, posteriormente, entre las adivinas; algunas veces estaba en un lugar, y luego estaba en otro lugar, siendo insincero en todo. Cuántas de esas personas tenemos en cada asamblea cristiana; ¡hombres que son fácilmente moldeables! Siempre están de acuerdo contigo sin importar lo que les digas. Tienen disposiciones afectuosas, y muy probablemente una tierna conciencia; pero entonces la conciencia es tan notablemente tierna que cuando se toca, cede, y temes explorar más profundamente: sana tan pronto es herida. Debo usar ahora una comparación muy singular que usé alguna vez anteriormente: hay algunos hombres que parecieran tener corazones de caucho. Si simplemente los tocas, queda una seña al instante; pero no sirve de nada, pues se restaura a su forma original. Podrías presionarlos lo que quisieras y son tan elásticos que siempre puedes lograr tu propósito; mas, sin embargo, no tienen un carácter fijo, y pronto vuelven a ser lo que eran antes. Oh, señores, demasiados de ustedes han hecho lo mismo; han inclinado sus cabezas en la iglesia, y han dicho: "Hemos errado y nos hemos extraviado de tus caminos"; pero no tenían la intención de decir lo que dijeron. Te has acercado a tu ministro; has dicho: "me arrepiento de mis pecados"; pero no sentías que eras pecador; sólo lo dijiste para agradar al ministro. Y ahora asistes a la casa de Dios; nadie es más impresionable que tú; las lágrimas ruedan por tus mejillas en un momento, mas sin embargo, a pesar de todo ello, las lágrimas se secan tan rápidamente como brotaron, y tú permaneces para todos los fines y propósitos, siendo el mismo que eras antes. Decir "yo he pecado" de una manera artificial, es algo peor que inútil, pues es una burla en contra de Dios confesar así con insinceridad de corazón. He sido breve en mis comentarios sobre este carácter; pues parecería que está relacionado al de Balaam; aunque cualquier ser pensante vería de inmediato que hay un contraste real entre Saúl y Balaam, a pesar de que hay una afinidad entre ambos. Balaam fue el gran hombre malo, grande en todo lo que hizo; Saúl fue pequeño en todo, excepto en la estatura: pequeño en su bien y pequeño en su vicio; y era demasiado necio para ser desesperadamente malo, aunque demasiado perverso para ser bueno en algún momento: mientras que Balaam fue grande en ambos sentidos: fue un hombre que en un momento pudo desafiar a Jehová, y, sin embargo, en otro momento, pudo decir: "Aunque Balac me diese su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la palabra de Jehová mi Dios para hacer cosa chica ni grande."



El Penitente DudosoACAN: "Yo he pecado". Josué 7: 20.
IV. Y ahora tengo que presentarles un caso muy interesante; es el caso del penitente dudoso, el caso de Acán, en el libro de Josué, en su capítulo 7, y versículo 20: "Y Acán respondió a Josué diciendo: verdaderamente yo he pecado." Ustedes saben que Acán robó una parte de los despojos de la ciudad de Jericó, hecho que fue descubierto por suertes, y fue condenado a muerte. He escogido este caso como representativo de algunas personas cuyo carácter es ambiguo en su lecho de muerte; personas que se arrepienten aparentemente, pero de quienes lo más que podemos decir es que esperamos que sus almas sean salvas al fin, aunque en verdad no lo sepamos. Acán, -ustedes están conscientes de ello-, fue apedreado por contaminar a Israel. Pero yo encuentro en la Misná, una antigua exposición judía de la Biblia, estas palabras: "Josué dijo a Acán, el Señor te turbará en este día." Y la nota acerca del texto es: "dijo en este día, implicando que iba a ser turbado únicamente en esta vida, al ser lapidado hasta morir, pero que Dios tendría misericordia de su alma, en vista de que hizo una plena confesión de su pecado." Y yo también, al leer este capítulo, estoy inclinado a coincidir con la idea de mi venerable y ahora glorificado predecesor, el doctor Gill, en la creencia que Acán realmente fue salvo, aunque, como un ejemplo, fue castigado con la muerte por el crimen. Pues ustedes pueden observar cuán amablemente habló Josué a Acán. Él le dijo: "Hijo mío, da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras." Y descubrimos a Acán haciendo una muy plena confesión. Él confiesa: "Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y así y así he hecho. Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello." Parece una confesión tan plena, que si se me permitiera juzgar, yo diría: "espero conocer a Acán el pecador delante del trono de Dios."Pero encuentro que Matthew Henry no comparte esa opinión; y muchos otros expositores consideran que de la misma manera que su cuerpo fue destruido, también lo fue su alma. Por tanto, he seleccionado su caso como representativo de un dudoso arrepentimiento. ¡Ah!, queridos amigos, me ha tocado en suerte estar junto a muchos lechos de muerte, y ver muchos arrepentimientos como este; he visto al hombre, cuando ha sido reducido a un esqueleto, sostenido por las almohadas en su cama; y ha dicho, cuando le he hablado del juicio venidero: "señor, siento que he sido culpable, pero Cristo es bueno; yo confío en Él." Y yo he dicho dentro de mí: "yo creo que el alma de ese hombre es salva." Pero siempre me he alejado con la melancólica reflexión que no recibí pruebas de ello, más allá de sus palabras; pues se requiere de pruebas en actos y en vida futura, para poder sostener una firme convicción sobre la salvación de un hombre. Ustedes saben ese importante hecho, que un médico guardó una vez un registro de mil personas que creían que se estaban muriendo, y que él creía que eran penitentes; él escribió sus nombres en un libro como personas que, si hubiesen muerto, habrían ido al cielo; esas personas no murieron, sino que vivieron; y él comenta que de las mil personas no hubo ni tres que fueran verdaderamente convertidas después, sino que regresaron otra vez a sus pecados y fueron tan malas como siempre. ¡Ah!, queridos amigos, yo espero que ninguno de ustedes tenga un arrepentimiento en su lecho de muerto como aquellos; yo espero que su ministro o que sus padres no tengan que estar junto a su lecho, y luego se alejen y tengan que decir: "pobre individuo, yo espero que sea salvo. Pero, ¡ay!, los arrepentimientos a la hora de la muerte son cosas muy endebles; son bases tan pobres y tan triviales para la esperanza, que me temo que, después de todo, su alma esté perdida." ¡Oh, morir con una plena certidumbre! ¡Oh, morir con una abundante prueba, dejando atrás un testimonio que hemos partido de esta vida en paz! Esa es una manera más feliz de morir que hacerlo de una manera dudosa, yaciendo enfermo, estando suspendido entre dos mundos sin que sepamos ni nosotros ni nuestros amigos a cuál de los dos mundos nos dirigimos. ¡Que Dios nos conceda gracia para que demos en nuestras vidas evidencias de verdadera conversión, para que nuestro caso no sea dudoso!


El Arrepentimiento de la DesesperaciónJUDAS: "Yo he pecado". Mateo 27: 4.
V. No los detendré por largo tiempo, así confío, pero debo darles ahora otros caso malo; el peor de todos. Es el ARREPENTIMIENTO DE LA DESESPERACIÓN. Vayan por favor al capítulo 27 y versículo 4 de Mateo. Allí encontrarán un terrible caso del arrepentimiento de la desesperación. Ustedes reconocerán al personaje en el instante de leer el versículo: "Diciendo: yo he pecado." Sí, Judas, el traidor, que había traicionado a su Señor, cuando vio que su Señor era condenado, "devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. . . Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió. . .", ¿y qué pasó? "Y se ahorcó."Aquí tenemos el peor tipo de arrepentimiento de todos; de hecho, no sé si tenga justificación llamarlo arrepentimiento; debería ser llamado remordimiento de conciencia. Pero Judas, en efecto, confesó su pecado, y luego salió y fue y se ahorcó. ¡Oh!, esa horrenda, esa terrible, esa espantosa confesión de desesperación. ¿No la han visto nunca? Si nunca lo han hecho, entonces bendigan por no haber sido llamados nunca a ver ese espectáculo. Yo lo he visto una vez en mi vida, y le pido a Dios que no tenga que verlo de nuevo: el arrepentimiento del hombre que ve a la muerte mirándole en el rostro, y que dice: "yo he pecado". Tú le dices que Cristo ha muerto por los pecadores, pero él responde: "no hay esperanza para mí; yo he maldecido a Dios en Su cara; yo lo he desafiado; yo sé que mi día de gracia ya pasó; mi conciencia está asustada como un hierro candente; me estoy muriendo, ¡y yo sé que estaré perdido!Un caso como ese sucedió hace mucho tiempo, ustedes saben, y está registrado -el caso de Francis Spira- el caso más terrible, tal vez, excepto el caso de Judas, que esté registrado en la memoria del hombre. ¡Oh!, mis lectores, ¿tendrá alguno de ustedes ese arrepentimiento? Si lo tuvieren, será como un faro para todas las personas que pequen en el futuro; si tienen un arrepentimiento como ese, será una advertencia para las generaciones venideras. En la vida de Benjamín Keach -y él también fue uno de mis predecesores- encuentro el caso de un hombre que había sido un profesante de la religión, pero que se había apartado de la profesión, y había caído en terrible pecado. Cuando llegó la hora de su muerte, Keach, con muchos otros amigos, fue a verlo, pero no pudieron quedarse con él por más de cinco minutos cada uno; pues él decía: "vete; es inútil que vengas a mí; he pecado contra el Espíritu Santo, alejándolo; soy como Esaú, pues he vendido mi primogenitura, y aunque la busco cuidadosamente con lágrimas, no puedo encontrarla de nuevo." Y luego repetía palabras terribles, como estas: "mi boca está llena de cascajos y bebo ajenjo día y noche. ¡No me digan nada de Cristo, no me digan nada de Cristo! Yo sé que Él es un Salvador, pero lo odio y Él me odia. ¡Yo sé que debo morir; yo sé que debo perecer!" Y luego se sucedían gritos lastimeros, y ruidos horrendos, que nadie podía tolerar. Ellos regresaban otra vez en sus plácidos momentos sólo para excitarlo una vez más y hacerlo gritar en su desesperación: "¡estoy perdido! ¡Estoy perdido! ¡No tiene caso que me digan algo al respecto!"¡Ah!, pudiese haber un hombre aquí que llegue a tener una muerte como esa; permítanme advertirle, antes de que llegue a ella; y que Dios el Espíritu Santo conceda que ese hombre pueda ser vuelto a Dios, y hecho un verdadero penitente, y entonces no necesita tener más miedo; pues sus pecados han sido lavados en la sangre de un Salvador, y no necesita tener ningún remordimiento por sus pecados, pues le son perdonados por medio del Redentor.



El Arrepentimiento del Santo. JOB: "Pequé". Job 7: 20.(Versión 1909)
VI. Y ahora vengo a la plena luz del día. Los he estado llevando a lo largo de oscuras y funestas confesiones; no los detendré allí por más largo tiempo, sino que los llevaré a las dos buenas confesiones que les he leído. La primera es la de Job en el capítulo 7, y en el versículo 20: "Pequé, ¿qué te haré, oh Guarda de los hombres?" Este es el arrepentimiento del santo.Job era un santo, pero había pecado. Este es el arrepentimiento del hombre que ya es un hijo de Dios, que ha experimentado un aceptable arrepentimiento delante de Dios. Pero como tengo la intención de reflexionar sobre esto en el sermón de la noche, voy a dejar este tema, para no cansarlos. David fue un espécimen de este tipo de arrepentimiento, y quisiera que estudiaran cuidadosamente sus salmos penitenciales, cuyo lenguaje está siempre lleno de humildad llorosa y sincera penitencia.

La Confesión BenditaEL HIJO PRÓDIGO: "He pecado". Lucas 15: 18.

VII. Llego ahora al último caso, que voy a mencionar; es el caso del hijo pródigo. En Lucas 15: 18, encontramos que el hijo pródigo dice: "Padre, he pecado." ¡Oh, aquí tenemos una bendita confesión! Aquí tenemos aquello que demuestra que un hombre es un carácter regenerado: "Padre, he pecado." Permítanme pintar la escena. Allí está el hijo pródigo; él ha huido de un buen hogar y de un padre amoroso, y ha consumido todo su dinero con rameras, y ahora no le queda nada. Acude a sus antiguos compañeros y les pide ayuda. Ellos se burlan de él hasta el escarnio. "Oh" -dice él- "ustedes han bebido mi vino por largo tiempo; siempre he sido el que paga todas sus francachelas; ¿acaso no me podrían ayudar?" "Lárgate de aquí", le dicen; y lo echan de sus casas. Él acude a todos sus amigos con quienes se ha asociado, pero ninguna le da nada. Finalmente un cierto ciudadano de aquella tierra le dijo: "necesitas algo que hacer, ¿no es cierto? Pues bien, ve y apacienta mis cerdos." El pobre hijo pródigo, el hijo de un rico terrateniente que poseía una gran fortuna, tiene que ir y apacentar cerdos; ¡y eso que él era judío! Alimentar cerdos era el peor empleo (según su parecer) que le podían asignar. Véanlo allí, vestido de escuálidos harapos, alimentando a los cerdos; ¿cuál era su salario? Vamos, era tan poca cosa que él "deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba." Mírenlo, allí está, con sus compañeros plebeyos en la pocilga, con todo su cieno y su inmundicia. Súbitamente, un pensamiento puesto allí por el buen Espíritu, atraviesa su mente. "¿Cómo es posible", -pregunta- "que en la casa de mi padre haya abundancia de pan e inclusive hay en exceso, y yo aquí perezco de hambre? Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros."Y se levantó y se fue. Mendiga en todo su camino de pueblo en pueblo. Algunas veces alguien lo lleva en su carruaje, tal vez, pero en otros momentos va caminando trabajosamente subiendo las áridas colinas y descendiendo a los desolados valles, completamente solo. Y ahora, por fin, llega a la colina ubicada fuera de la aldea, y ve la casa de su padre al pie de la misma. Allí está; el viejo álamo frente a la casa y allá están los promontorios alrededor de los cuales él y su hermano solían correr y jugar; y ante el espectáculo de la vieja casa solariega, todos los sentimientos y las asociaciones de su antigua vida se le vinieron de golpe, y las lágrimas rodaron por sus mejillas, y casi estaba a punto de salir huyendo otra vez. Dice. "me pregunto si mi padre ha muerto, y me atrevería a decir que a mi madre se le destrozó el corazón cuando me fui lejos; siempre fui su favorito. Y si alguno de ellos vive, no me querrá ver nunca; cerrarán la puerta en mi cara. ¿Qué he de hacer? No puedo regresar y tengo miedo de seguir adelante." Y mientras deliberaba de esta manera, su padre había estado paseándose por el techo de la casa, buscando a su hijo; y aunque el hijo pródigo no podía ver a su padre, su padre sí podía verle. Bien, el padre baja las escaleras tan rápido como puede, corre hacia él, y mientras está considerando huir de nuevo, los brazos de su padre rodean su cuello, y comienza a besarlo, como un padre amante, en verdad, y luego el hijo comienza a decir: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo," e iba a agregar: "hazme como a uno de tus jornaleros." Pero su padre tapó su boca con su mano. "No digas nada más", le dice; "Yo te perdono todo; no me dirás nada acerca de ser un jornalero; no aceptaré nada de eso. Ven conmigo", -le dice- "entra, pobre hijo pródigo. ¡Oíd!" -Les dice a sus siervos- "traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse."¡Oh, qué preciosa recepción para uno de los peores pecadores! El buen Matthew Henry dice: "El padre lo vio, y los suyos eran ojos de misericordia; corrió a recibirlo, y las suyas eran piernas de misericordia; puso sus brazos alrededor de su cuello, y los suyos eran brazos de misericordia; lo besó, y fueron besos de misericordia; le dijo, y lo que dijo fueron palabras de misericordia: 'Sacad el mejor vestido.' Hubo hechos de misericordia, maravillas de misericordia, todo fue de misericordia. Oh, qué Dios de misericordia es Él."Ahora, hijo pródigo, haz tú lo mismo. ¿Lo ha puesto Dios en tu corazón? Hay muchos que han andado huyendo desde hace mucho tiempo. ¿Dios te dice: "regresa"? Oh, entonces yo te pido que regreses, pues ciertamente tan pronto como regreses, Él te recibirá. No ha habido todavía ningún pecador que haya venido a Cristo, que Cristo haya echado fuera. Si Él te echara fuera, tú serías el primero. ¡Oh, si simplemente le probaras! "Ah, señor, yo soy tan negro, tan inmundo, tan vil." Bien, ¿qué pasa contigo?, no eres más negro que el hijo pródigo. Ven a la casa de tu Padre, y tan ciertamente como Él es Dios, Él mantendrá Su palabra: "Al que a mí viene, no le echo fuera."¡Oh, si yo pudiese oír que algunos han venido a Cristo esta mañana, yo en verdad le bendeciría! Debo decir en este punto, para honra de Dios y de Cristo, una notable circunstancia, y luego habré concluido. Ustedes recordarán que una mañana mencioné el caso de un infiel que había sido un escarnecedor y un burlador, pero que, por medio de la lectura de uno de mis sermones impresos, había sido traído a la casa de Dios y luego a los pies de Dios. Bien, el pasado día de Navidad, el mismo infiel juntó todos sus libros, y fue al mercado de Norwich, y allí hizo una retractación pública de todos sus errores, y una profesión de Cristo, y luego, tomando todos sus libros que él había escrito, y que guardaba en su casa, sobre temas impíos, los quemó a la vista del público. He bendecido a Dios por tal maravilla de gracia como esa, y oro para que haya muchos casos más de individuos, que, aunque hayan nacido como hijos pródigos, regresen todavía a casa diciendo: "he pecado".


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Como Suplicar

por Charles Spurgeon



"Yo estoy afligido y menesteroso; apresúrate a mí, oh Dios. Ayuda mía y mi libertador eres tu; oh Jehová, no te detengas." Salmo 70:5

Antaño los pintores estaban descoses de estudiar bajo grandes maestros. Estaban convencidos de que podían alcanzar más fácilmente los niveles de excelencia si entraban en la escuela de hombres eminentes. Los hombres han pagado grandes primas para que sus hijos puedan entrar como aprendices con personas que son las mejor preparadas en sus oficios o profesiones. Ahora bien, si alguno de nosotros quiere aprender el sagrado arte y misterio de la oración, es bueno que estudie las producciones de los grandes maestros de esta ciencia. No puedo señalar a alguien que entienda mejor el arte de la oración que el salmista David. Tan bien conoce la forma de alabar, que sus salmos se han convertido en el lenguaje de los hombres buenos de todas las eras. Tan bien ha entendido el cómo de la oración, que si nosotros logramos captar su espíritu, y seguir su modo de orar, habremos aprendido a suplicar a Dios de la manera que mejor prevalece. Pon delante de ti, en primer lugar al Hijo y Señor de David, el más poderoso de todos los intercesores, y junto a él encontrarás a David como uno de los más admirables modelos para ser imitado.
Entonces consideraremos nuestro texto como una de las producciones de un gran maestro en asuntos espirituales, y lo estudiaremos orando todo el tiempo que Dios nos ayude a orar de la misma manera.

En nuestro texto tenemos el alma de uno que suplica con éxito bajo cuatro aspectos: en primer lugar, vemos el alma que confiesa: "Yo estoy afligido y menesteroso." Luego, tenemos el alma que suplica, porque usa su pobre condición como argumento para pedir, y añade: "apresuradamente a mí, oh Dios." En tercer lugar podéis ver un alma urgido, porque exclama: "Apresúrate," y varía la expresión pero conserva la misma idea: "No te detengas.» Y tenéis en cuarto y último lugar, un alma que se aferra de Dios porque el salmista lo expresa de este modo: Ayuda míáiibertador mío eres tú;" así se toma de Dios con las dos manos, como para no dejarlo ir hasta haber obtenido la bendición.


I. Entonces, para empezar, vemos en este modelo de suplicación UN ALMA QUE CONFIESA
El luchador se desviste antes de entrar en la contienda, y la confesión hace lo mismo por el hombre que está por alargar su causa delante de Dios. El que corre en las pistas de la oración no puede esperar el trifuno a menos que, por medio de la confesión el arrepentimiento y la fe, se despoje de todo peso del pecado. Ahora bien, hay que recordar siempre que la confesión es absolutamente necesaria para el pecador cuando busca por vez primera al Salvador. Oh, tú que buscas, no es posible que logres la paz para tu atribulado corazón, mientras no hayas reconocido tu transgresión y tu iniquidad delante del Señor. Puedes hacer todo lo que desees, sí y aun intentar creer en Jesús, pero vas a descubrir que la fe de los elegidos de Dios no está en ti, a menos que estés dispuesto a hacer una confesión completa de tus transgresiones, y desnudar tu corazón delante de Dios. Generalmente nosotros no hacemos donaciones de caridad a personas que no la necesitan. El médico no manda su medicina a quienes no están enfermos. El ciego junto al camino a mendigar. Si hubiera tenido dudas en cuanto a su ceguera, el Señor hubiera pasado de largo frente a él. El abre los ojos a los que se confiesan ciegos, pero a los demás dice: "Porque decís `Vemos,' vuestro pecado permanece." A los que son llevados ante él, les pregunta: "¿Qué quieres que te haga" para que su necesidad sea públicamente reconocida. Tiene que ser así para todos nosotros: debemos ofrecer la confesión, o no podemos obtener la bendición.

Permitidme que hable especialmente a vosotros que deseáis encontrar la paz con Dios, y la salvación por medio de la preciosa sangre. Haréis bien hacer una confesión muy friffica, muy sincera y muy explícita delante de Dios. Es seguro que no tenéis nada que esconder, porque nada hay que podáis esconder. El ya conoce vuestra culpa, pero él quiere que vosotros la conozcáis, y por eso manda que la confeséis. Entra en el detalle de tus pecados reconociéndolos secretamente delante de Dios. Desnúdate de toda excusa, no te disculpes. Dí: "Contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en ti palabra y tenido por puro en tu juicio." Reconoce la maldad del pecado, pídele a Dios que te haga sentirla. No lo trates como si fuera una pequeñez, porque no lo es. Para redimir al pecador de los efectos del pecado, Cristo mismo tuvo que morir, y a menos que seas librado eternamente de una falta venial, que no hubiera sido tomada en cuenta si no fuera Dios tan severo. Pero trabaja hasta ver el pecado como Dios lo ve, como una ofensa contra todo lo que es bueno, una rebelión contra todo lo amable. Míralo como traición, como ingratitud, como una cosa baja y egoísta.

Nunca esperes que el Rey del cielo perdone a un traidor, sí éste no confiesa y abandona su traición. Hasta el padre más tierno espera que el niño se humille cuando ha causado una ofensa, y no dejará de mostrarle el ceño fruncido mientras con lágrimas no diga: "Padre, he pecado." ¿Te atreves a esperar que Dios se humille delante de ti, y no sería así si El no te constriñera a humillarte a El? ¿Quieres que él haga la vista gorda tus faltas y cierre los ojos ante tus transgresiones? El tendrá misericordia, pero es santo. Está dispuesto a perdonar, pero no tolera el pecado, y por lo tanto, no te puede perdonar si tú sigues acariciando tus pecados, o si te atreves a decir: "No he pecado." Así que, date prisa, Oh tú que buscas, date prisa, te ruego, y preséntate ante el trono de la gracia con esto en tus labios: "Soy pobre y menesteroso,soy pecador, estoy perdido; apiádate de mí." Con tal reconocimiento comienzas bien tu oración, y por Jesucristo prosperarás en ello.
Amados oyentes, el mismo principio se aplica a la iglesia de Dios. Estamos orando por una demostración del poder del Espíritu Santo en esta iglesia,11.on el fin de orar exitosamente en esto, es necesario que unánimemente hagamos la confesión que se halla en nuestro texto: "Yo estoy afligido y menesteroso." Tenemos que reconocer que en esto carecemos de poder. La salvación es de Jehová y no podemos salvar una sola alma. El Espíritu de Dios está escondido en Cristo, por lo que debemos buscarlo ante el que es gran Cabeza de la Iglesia. No podemos mandar al Espíritu, sin embargo, nada podemos hacer sin él.

El sopla de donde quiere. Debemos sentir esto profundamente y reconocerlo honestamente. Antes de bendecir a su Iglesia Dios quiere que sepa que la bendición viene completamente de El. "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová."

La carrera de Gedeón fue muy notable, y comenzó con dos señales muy instructivas. Pienso que nuestro Padre celestial quiere que todos nosotros aprendamos la misma lección que le enseñó a Gedeón, y cuando hayamos dominado la lección, él nos usará para sus propósitos. Ustedes recordarán que Gedeón puso un vellón de lana sobre la era, y en la mañana, alrededor del vellón todo estaba seco y solamente el vellón estaba mojado. Dios había saturado de agua solamente el vellón, de modo que Gedeón pudo exprimirlo, y su humedad no se debió a que fuera puesto en un lugar favorable, porque alrededor todo estaba seco. Puede haber querido que aprendamos que, si el rocío de su gracia llena a alguno de nosotros con su vaho celestial, no es porque estamos en la era de un ministerio que Dios normalmente bendice, o porque estamos en una iglesia que Dios normalmente visita con su gracia; pero se nos tiene que hacer ver que las visitaciones de su Espíritu son fruto de la soberana gracia de Dios, y dones de de su amor infinito, y no de la voluntad del hombre, ni por hombre. Pero luego el milagro fue invertido, porque, como dice Tomás Fuller: "Los aria de Dios pueden invertirse y se verán tan gloriosos de una manera como de la otra."

A la noche siguiente el vellón estaba seco y alrededor el suelo estaba todo mojado. Porque los escépticos podrías haber dicho: "Sí, pero un vellón muy naturalmente atrae la humedad, y si hubiera alguna humedad en el aire, lo más probable es que fuera absorbida por la lana." Pero, he aquí, en esta ocasión el rocío no está donde ha dado una preparación de corazón para recibirla, nos quiere hacer entender que su gracia y su Espíritu son completemente libres en la acción y soberanos en operación; y no .está obligado a trabajar según ninguna norma que nosotros hayamos inventado. Si el vellón estaba mojado, él lo bañó con el roció, no porque fuera un vellón, sino porque El quiso hacerlo así. El tendrá talo la gloria de toda su gracia de principio a fin. Entonces, venid, hermanos míos, y hacemos discípulos de esta verdad.

Considerad que toda buena dádiva y todo don perfecto debe venir del gran padre de las luces. Nosotros somos obra suya, él debe hacer todas nuestras obras en nosotros. La gracia no se merece por nuestra posición o condición: el viento de donde quiere sopla, el Señor obra y no hay hombre que pueda impedirlo; pero si El no obra, resulta vano el más poderoso y celoso de los trabajos.

Es muy significativo que antes que diera de comer a los miles de personas, Jesús hizo que los discípulos hicieran inventario de sus provisiones. Era bueno que ellos vieran cuán baja estaba la intendencia, para que cuando la multitud tuviera su comida no pudieron decir que el cesto lo había hecho, ni que el niño había provisto. Dios hará que veamos cuán escasos son nuestros panes de cebada, cuán pequeños nuestros pececillos, que eso nos lleve a preguntar: "¿Qué es esto entre tantos?" Cuando el salvador mandó a sus discípulos a que echaron la red a la mano derecha, y arrastraron una gran cantidad de peces, él no hizo el milagro hasta que ellos hubieron confesado que habían trabajado toda la noche y no habían sacado nada. Así fueron enseñados que el éxito de su pesca dependía del Señor, no de sus redes, ni del mote de arrastrarlas, ni de su habilidad en el arte de la navegación, sino completamente, totalmente su éxito había venido de su Señor. Debemos entender esto, y mientras más pronto lo hagamos, mejor.

Observamos lo que hacían los antiguos judíos de guardar la Pascua. Había que tener panes sin levadura, y había que comer el cordero pascual. Pero no podían servirse los panes sin levadura ni comer el cordero pascual mientras no hubieran limpiado la vieja levadura. Si tenéis alguna fuerza añeja, o confianza en vosotros mismos, si hay algo que es de vosotros mismos, está, en consecuencia, leudado y debe ser quitado. La alacena debe estar vacía antes que pueda llegar la provisión celestial, con la cual se puede guardar la pascua. Doy gracias a Dios cuando nos limpia. Bendigo su nombre cuando nos lleva a sentir la pobreza de nuestra alma como iglesia, porque es seguro que entonces vendrá la bendición.

Una ilustración más mostrará esto, quizás, más claramente aun. Veamos a Elías con los sacerdotes de Baal en el Carmelo. La prueba era para decidir la elección de Israel --el Dios que respondiera por fuego, que el, sea Dios. Los sacerdotes de Baal invocaron en vano que viniera fuego del cielo. Elías está confiado en que el fuego del cielo. Elías está confiado en que el fuego descenderá sobre su sacrificio, pero también está seriamente resuelto a lograr que los falsos profetas y ese pueblo vacilante no imaginen que él mismo había producido el fuego. Decide dejar en claro que no hay artificios, astucia a maniobra humana en la materia. Debía notarse bien que la llama era del Señor y solamente del Señor. Recordad la rigurosa orden del profeta: "Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobra la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez, de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja." No podía haber fuegos latentes allí. Si hubiera habido combustibles o productos químicos calculados para producir fuego a la manera delos fraudes de la época, todo ello habría sido mojado por el agua o se habría descompuesto. Cuando nadie podía imaginar que el hombre pudiera quemar el sacrificio, entonces el profeta alzó..sus ojos al cielo, y comenzó a orar, y descendió el fuego del Señor, que consumió el holocausto, la leña, las piedras del altar, el polvo y aun lamió el agua que había en la zanja. Entonces, cuando todo el pueblo lo vio, cayó sobre sus rostros, y dijeron: "¡Jehová es el Dios! ¡Jehová es el Dios!"

En esta iglesia, si quiere bendecirnos grandemente, el Señor puede enviarnos la prueba de derramar agua una, dos y tres veces. Puede desalentarnos, afligirnos, probarnos y hacernos decaer, hasta que todos veamos que no es el predicador, ni la organización, no es del hombre sino completamente de Dios, el Alfa y al Omega, el que obra todas las cosas de acuerdo con el consejo de su voluntad.

Así os he demostrado que para tener una buena sesión de oración lo mejor es comenzar con la confesión de que estamos afligidos y menesterosos.

II. En segundo lugar, cuando el alma se ha despojado del peso de los méritos y de la autosuficiencia, procede a orar y nos encontramos ante UN ALMA QUE SUPLICA.

"Yo estoy afligido y menesteroso; apresúrate a mí, oh Dios, Ayuda mía y mi libertador eres tú; oh Jehová no te detengas." El lector cuidadoso notará cuatro súplicas en este solo versículo.
Sobre este tema quiero destacar que es hábito de la fe, cuando está orando, usar súplicas. Los que son simples pronunciadores de oraciones, que de ningún modo oran, olvidan ofrecer a Dios. Pero aquellos que quieren prevalecer, ofrecen sus razones y sus poderosos argumentos y debaten la cuestión con Dios. Los que juegan a la lucha se toman como pueden, al azar, pero los que son realmente luchadores tienen una cierta manera de tomar al oponente --un modo de lanzarlo y cosas por el estilo; trabajan según un cierto orden y reglamento. El arte de la lucha de fe es suplicar a Dios, y decir con osadía: "Que sea así y así, por tales y tales razones." Oseas nos dice de Jacob que "Allí habló con nosotros,» de lo que entiendo que Jacob nos instruye por su ejemplo. Ahora bien, las dos súplicas que Jacob usó eran precepto y promesa de Dios. Primero él dijo: "l«é'abiste: Vuélvete a tu tierra y a tu parentela," que es como si hubiera dicho: "Señor, estoy en dificultades, pero he venido aquí en obediencia a ti. Tú me dijiste que hiciera esto; ahora puesto que Tú me mandaste que viniera hasta aquí, ante los dientes mismos de mi hermano Esaú, que viene como un león a mi encuentro, Señor no puedes ser infiel como para ponerme en peligro y luego dejarme." Este era un razonamiento sano, y prevaleció en la presencia de Dios. Luego Jacob recordó una promesa: "Dijiste: `Yo te haré bien.' "
Entre los hombres es un modo maestro de razonar el poder desafiar al adversario con sus propias palabras: puedes citar otras autoridades, y él podría decir: "Niego su fuerza." Pero, cuando citas a un hombre contra sí mismo, lo aniquilas. Cuando haces que un hombre recuerde su promesa, éste debe confesarse infiel y voluble, o, si mantiene que no cambia, y que es fiel a su palabra, lo tienes en tu mano, has logrado tu voluntad. Hermanos, aprendemos así a suplicar con los preceptos y promesas, y con cualquier otra cosa que pueda servirnos; pero tengamos siempre algo en que basar nuestra súplica. No hagas cuenta de haber orado si no has argumentado porque el argumentar es la médula misma de la oración. El que suplica con argumentos conoce el secreto de tomó prevalecer con Dios, especialmente si aplela a la sangre de Cristo, porque eso abre la cerradura de los tesoros celestiales. Muchas llaves sirven para muchos candados, pero la llave maestra es la sangre y el nombre de aquel que murió y resucitó, y todavía vive en los cielos para salvarnos hasta lo sumo. Los argumentos de la fe son abundantes, y esto es bueno, porque la fe se ve ante diversas posiciones, y las necesita todas.

La fe invocará osadamente todas las relaciones da gracia de Dios. Le podrá decir: "¿No eres tú el Creedor? ¿Desampararás la obra de tus manos? ¿No eres el redentor? 7ü que has salvado a tu siervo, me desecharás?" Normalmente la fe se deleita en echar mano de la paternidad de Dios. Este es uno de sus puntos maestros: cuando saca esto relucir, gana su punto. "Tú eres padre y ¿nos castigarás aunque nos mates? ¿Un padre y no proveerás? ¿Un padre y no te compadeces ni tienes misericordia? ¿Un padre y niegas lo que tu hijo te pide?" Cuando quiera que estoy impresionado con la majestad divina, y por eso carezco de espíritu para la oración, encuentro un remedio rápido y dulce al recordar que, aunque El es el Gran Rey, y que es infinitamente glorioso, yo soy su hijo, y no importa quien sea el padre. Sí, la fe puede apelar a todas y cada una de todas las relaciones que Dios tiene con sus escogidos.

Además, la fe puede acosar el cielo con las Promesas Divinas. Supongamos que vas a uno de los bancos de la ciudad y ve a un hombre que entra y sale y cada vez pone un pedazo de papel en las mesas sólo para retirarla nuevamente y nada más. Hace esto varias veces en el día. Pienso que pronto darían órdenes al portero de no dejar entrar tal hombre, porque sólo estaría haciendo perder el tiempo al cajero, y haciendo cosas sin ningún propósito. Los hombres que van al banco con fines serios presentan sus cheques, esperan que les entreguen el dinero y luego se van, pero no sin antes haber concluido su negocio. No ponen en la mesa el papel y se ponen a hablar sobre las excelencias de la firma o sobre lo correctamente extendido del documento, sino que esperan que les den su dinero y no están contentos mientras no lo reciben. Estas son las personas que son bienvenidas en el banco y no las personas frívolas. ¡Ay! Mucha gente juega a la oración y no son mejores que aquellos que acabo de describir. Digo que están jugando a la oración porque no esperan que Dios les de una repuesta, y así son personas puramente frívolas, que se burlan del Señor. El que ora con la seriedad de los que hacen negocios, con verdadero sentido en lo que hace, honra al Señor. El Señor no está jugando cuando hace promesas. No fue un juego el que confirmara la palabra por medio de su sangre, y no demos convertir la oración en una broma, orando con un espíritu que nada espera.

El Espíritu Santo es serio, y nosotros también debemos ser serios. Debemos ir en busca de una bendición, y no quedarnos satisfechos hasta que la hayamos conseguido Como el cazador, no se queda satisfecho por haber corrido, tantas millas, y no está contento hasta que ha cogido una presa.

Además, la fe apela a las proezas de Dios. Mira al pasado y dice: "Señor, tú me salvaste en tales y tales ocasiones, ¿me fallarás ahora? "Además, toma la vida como un todo y suplica así:
Habiendo tantas misericordias recibido,
¿me dejarás finalmente hundido?
"¿Me has traído hasta este punto para que al final sea puesto en vergüenza?" La fe conoce las antiguas misericordias de Dios, y las convierte en argumentos para obtener favores presentes. Pero todo tu tiempo se habrá ido si tratas do mostrar siquiera la milésima parte de los argumentos de la, fe.

Sin embargo, a veces los argumentos de la fe son muy singulares. Como ocurre un nuestro texto, de ningún modo se conforma a las reglas de la orgullosa naturaleza humana al suplicar: "Estoy afligido y menesteroso, apresúrate a mí, oh: Dios." Es como otra oración de David: "Ten misericordia dé mi iniquidad que es grande." Esta no es la manera en que los hombres suplican, porque dicen: "Señor, ten misericordioso de mí, porque no soy tan pecador como otros: ° Pero la fe hace su lectura bajo una luz más realista, y basa sus argumentos en la verdad. "Señor, puesto que mi pecado es grande, y tú eres el gran Dios, que tu misericordia sea magnificada en mí".

Vosotros conocéis la historia de la mujer sirofenicia. Es un gran ejemplo de la ingenuidad del razonamiento de la fe. Vino a Cristo a suplicar por su hija, y él no le contestó palabra alguna. ¿Qué creéis dijo su corazón? "Bien," se dijo, "Está bien, porque no me ha rechazado. Puesto que no ha hablado no me ha rechazado." Animándose con esto, comenzó a suplicar de vuelta Ésta vez Jesús le habló en forma un tanto áspera, y entonces su valiente corazón dijo: "Por fin he logrado que hable. Lograré una obra maravillosa pronto. Eso también la alegró; y entonces, cuando El la llamó "perro," ella razonó: "pero un perrillo es parte de la familia, tiene alguna conexión con el amor dé la casa. Aunque no come en la mesa, recibe las migajas debajo -de la mesa, y ahora te tengo a ti, gran Amo, aunque soy perrillo. La gran misericordia que te estoy pidiendo, aunque es muy grande para mí, para ti es solo una migaja. Concédemela, te lo ruego." ¿Podía fracasar en la consecución de lo que estaba pidiendo? Imposible. Cuando la fe tiene un deseo, siempre encuentra un camino, y obtendrá la victoria cuando todas las cosas presagian una derrota.
Los argumentos de la fe son muy peculiares, pero permítaseme agregar que son siempre sanos porque, después de todo, es un argumento contundente afirmar que estamos afligidos y necesitados. ¿No es ese el principal argumento delante de la benevolencia, sea humana o divina? ¿No es nuestra necesidad la mejor razón que podemos ofrecer? Si queremos que un médico acuda prontamente a ver un enfermo, le diremos: "Doctor, no es un caso común, está a punto de morir, venga, dése prisa" Si queremos que los bomberos se apuren en llegar a un incendio no les diríamos: "Apúrense, es un pequeño incendio." Por el contrario, les decimos que es una casa antigua, llena de material combustible y hay rumores de que hay petróleo y pólvora dentro de la propiedad. Además, está cerca de un depositó de maderas, y hay muchas cabañas de madera alrededor, y en poco tiempo tendremos media ciudad en llamas." Presentamos la situación lo más malo que sea posible. Oh, que recibamos sabiduría para ser igualmente sensatos al suplicar a Dios, para encontrar argumentos en todo, pero especialmente para hallarlos en nuestras necesidades.

Hace dos siglos el oficio de la mendicidad, se decía, era el más fácil, pero el peor pagado. No estoy muy seguro de la segundo en nuestros tiempos, pero £~ ente el oficio de rogar delante de Dios es difícil e indudablemente es lo mejor pagado del mundo. Es notorio que los que mendigan ante los hombres normalmente tienen muchos argumentos de que echar mano. Cuando un hombre está pasándolo mal y hambriento, normalmente puede encontrar una razón para pedir ayuda de cualquier persona. Supongamos que se trata de una persona a la que ya está unida por muchas obligaciones, entonces, la pobre criatura alega: "Si le pido otra vez, estoy seguro de su ayuda, porque me conoce y siempre ha sido muy amable." Si nunca le ha pedido antes a una persona, entonces dice: "Nunca lo he molestado antes. No puede decir que ya ha hecho todo lo que podía por mí. Tomaré el atrevimiento de comenzar con él." Si es pariente, dice: "Es seguro que querrás ayudarme en mi angustia, porque eres familiar," y si se trata de un extraño dice: "Con frecuencia he encontrado extraños que han sido más amables que los que son mi misma sangre, ayúdame, se lo ruego." Si le pide al rico, ley dice que nunca van a echar de menos lo que le dé. Si la pida' al pobre, le presiona diciéndole que él sabe lo que significa la necesidad, y que por cierto sentirán compasión de él estando' en gran angustia, Ojalá fuéramos la mitad alertas de lo que estas personas son para llenar nuestra boca de argumentos cuando estamos delante del Señor. ¿Cómo es posible que nosotros no estemos la mitad despiertos, y da impresión de que no se despiertan los sentidos espirituales? Que Dios nos conceda que podamos aprender el arte de suplicar al Dios; eterno, porque en ello descansa el poder prevalecer delante de El, por los méritos de Jesucristo.


III. En el punto siguiente debo ser breve. ES UN ALMA URGIDA
"Apresúrate a mí, oh Dios. Oh Jehová, no te detengas." Podemos demandar urgencia de Dios, si todavía no somos salvos, porque nuestra necesidad es urgente. Estamos en peligro constante, y el peligro es de la peor especie. Oh, pecador, dentro de una hora, dentro de un minuto, puedes encontrarte donde la esperanza ya no te visitará más. Por lo tanto, clama: "Date prisa, Oh, Dios, líbrame; ¡apresúrate a socorrerme!" El tuyo es un caso que no admite demoras. No tienes tiempo para perder. Eres un alma ungida, porque tu necesidad es urgente. Y recuerda, si estás realmente en una necesidad, y el Espíritu está obrando en ti, tendrás la sensación de urgencias y debes actuar con urgencia. Un pecador ordinario podría contentarse con esperar, pero un pecador vivificado quiere misericordia ahora mismo. Un pecador muerto permanecerá quieto, pero un pecador vivificado no puede descansar hasta que el perdón haya sido sellado en su alma. Si tienes urgencia esta mañana, estoy contento de ello, porque cono en que tu urgencia procede de la posesión de la vida espiritual. Cuando ya no puedes vivir sin un Salvador, el Salvador vendrá a ti, y tú te regocijarás en El.

Hermanos, miembros de esta iglesia, la misma verdad tiene valor para vosotros. Dios vendrá a bendeciros, y vendrá prontamente, cuando la sensación de urgencia se haga más profundo y urgente. ¡Oh, cuán grande es la necesidad de esta iglesia! Nos enfriaremos, nos alejaremos de la santidad, nos haremos mundanos, no habrá conversiones, no creceremos en número. Habrá disminución, habrá divisiones, habrá discordias de todas las especies. Satanás se regocijará, y Cristo será deshonrado, a menos que obtengamos una mayor medida del Espíritu Santo. Nuestra necesidad, entonces recibiremos la bendición que deseamos.

Por mi parte, hermanos, y hermanas, deseo sentir un espíritu de urgencia dentro de mi alma mientras suplico a Dios que el rocío de su gracia descienda sobre esta iglesia. r tengo vergüenza en esto, porque tengo licencia para orar. mendicidad está prohibida en las calles, pero delante de Di soy un mendigo con licencia. Jesús ha dicho: "los hombres deben orar siempre y no desmayar." Pisas tierra en las costas de un país extranjero con la mayor de las confite cuando llevas tu pasaporte y Dios ha dado pasaportes a sus hijos, con los cuales pueden entrar confiadamente hasta trono de la gracia. El te ha invitado. El te motiva, él te j ordenado que acudas a él, y ha prometido que todo lo que pidamos en oración, creyendo lo recibiremos. Entonces vena venid con urgencia, venid en forma importuna, venid con ese argumento: "estoy afligido y necesitado, no te detengas, oh Dios mío," y seguramente vendrá una bendición; no tardara. Que Dios nos conceda el poder verla, para que le demos gloria de todo ello.


IV. Siento haber sido tan breve cuando necesita haberme extendido, pero debo cerrar con un cuarto punto. Esta es otra parte del arte y misterio de la oración: EL ALMA QUE SE AFERRA A DIOS.
El alma ha suplicado, ha mostrado la urgencia, p ahora viene muy cerca. Toma al ángel del pacto de u mano," Tú eres mi ayuda," y con la otra, "Tú eres libertador." ¡Oh esos benditos «mi,» esos poderosos "mi." dulzura de la Biblia radica en los pronombres posesivos, que aprende a utilizarlos como el salmista, será ven c ante el Dios eterno.

Ahora, pecador, quiera Dios que puedas ser ayudador decir esta mañana al bendito Cristo de Dios: "Tú eres ayuda y mi libertador." Quizás te quejes que no puedes ir lejos, pero, pobre alma, ¿tienes otra ayuda? Si la tienes, no puedes tener dos ayudadores en una sola mano. "Oh no," dices, "no tengo ayuda alguna. No tengo esperanzas sino en Cristo." Entonces, pobre alma, puesto que tienes las manos vacías, esa mano vacía fue preparada intencionadamente para aferrarse de tu Señor: ¡Aférrate de él! Dile hoy mismo: "Señor, me tomaré de ti tal como lo hiciera ese pobre cojo Jacob. No puedo ayudarme a mí mismo; me aferro a ti y no te dejaré ir si no me bendices." "Ah, eso sería demasiado atrevido," dice alguien. Pero el Señor ama la santa osadía de los .pobres pecadores. A El le gustaría que fueras más nado de lo que tú piensas que eres. El que no se atreve a confiar en el Salvador crucificado hace un intento profano. El murió con el propósito de salvar a personas como tú; deja que él tenga entrada en ti y confía en él.

"Oh," dice alguien, "pero soy tan indigno." El vino a buscar y a salvar lo que se había perdido." El no es el salvador de los que se creen justos. Es el salvador de los pecadores: "amigo de los pecadores" es su nombre. Tú que te sientes indigno, aférrate de él! "Oh," dice alguien, "pero no tengo derecho." Bueno, puesta que tú no tienes derecho, tu necesidad será tu clamor: es todo lo que necesitas pedir. Me parece oír a alguien que dice: "es demasiado tarde para que yo suplique pidiendo gracia." No puede ser, es imposible. Mientras vivas y desees la gracia, no será demasiado tarde para buscarla. Recuerda la parábola del hombre que quería tres panes. Os diré lo que pasó por mi mente cuando la leí: el hombre fue donde su amigo a medianoche. No podía haber sido más tarde. Porque si hubiera sido un poco después de la medianoche, ya habría sido temprano la mañana siguiente, de modo que no hubiera sido tarde. Era media noche y no podía ser más tarde. Así, si es medianoche en tu alma, alégrate. Jesús es un salvador fuera de tiempo. Muchos de sus siervos han nacido fuera de tiempo.

Cualquier momento es el tiempo oportuno para invocar el nombre de Jesús. Así que no dejas que el diablo te tiente con el pensamiento de que es demasiado tarde. Acude a Jesús ahora, ve de inmediato, aférrate de los cuernos del altar por fe, y dile: "Sacrificio de los pecadores, tú hiciste sacrificio en mi lugar. Intercesor de los que están sin gracia, sé tú mi intercesor. Tú que das dones a los rebeldes, dame dones a mí, porque he sido rebelde. Cuando aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos. Eso soy Maestro; que el poder de tu muerte sea visto en mí p salvación de mi alma.'


Oh, vosotros que sois salvos y, por lo tanto, amáis Cristo, quiero que vosotros, hermanos amados, como san de Dios, pongáis en práctica esta parte final de mi tema; estad seguros de aferraron de Dios en oración. "Tú eres ayuda y mi libertador." Como iglesia nos arrojamos sobre poder de Dios, y nada podemos hacer sin El. Pero no que queremos estar sin El, nos aferramos de El firmemente. "Tú eres mi ayuda y mi libertador." Según una antigua historia, había un muchacho en Atenas que tenía por costumbre jactarse de que gobernaba toda Atenas, y cuando se le preguntó cómo dijo: "Fácil, yo dirijo a n mi madre, ella gobierna a mi padre y mi padre gobierna la ciudad." El que sabe ser maestro de oración reinará en el corazón de Cristo y Cristo puede hacer hará todas las cosas por su pueblo, porque el Padre encomendado todas las cosas en sus manos. Puedes ser omnipotente si sabes orar, omnipotente en todas las cosas glorifican a Dios. ¿Qué es lo que dice la Palabra misma? " eche mano a mi poder." La oración mueve el brazo que mueve al mundo. Oh que recibimos gracia para recibir el amor d Todopoderoso de esta manera.

Queremos más oración que se aferra firmemente; m tiradora, más agresiva y luchadora, que dice: "No te dej ir." El cuadro de Jacob bastará para terminar. El ángel d pacto quiere una bendición de él: El ángel quiere quitarse de encima, pero eso no le sirve a Jacob. Entonces el ángel ta de escapar de él y da tirones y lucha. Pero Jacob n' soltará por mucho que se esfuerce el ángel. Finalmente ángel recurre de la lucha ordinaria a herirla en el asiento mi mismo de su fuerza. Pero Jacob está dispuesto a perder s muslo, y toda la pierna, pero no dejará que el ángel se va así. La pobre fortaleza del hombre queda anulada bajo toque que la marchita, pero en su debilidad, aún es fue Echa sus brazos alrededor del misterioso hombre, y lo retiene en un abrazo mortal. Entonces si otro dice: "Déjame ir, porque el día ya amanece." Noten bien que no se sacudió para quitárselo de encima; solo dijo. "Déjame ir.» El ángel no hace nada para hacer que lo suelte; lo deja a su voluntad. El valiente Jacob exclama: "No, ya estoy en esto, y estoy decidido a conseguir una repuesta a mi oración. No te dejaré ir su no me bendices.' Ahora bien, cuando la iglesia comienza a orar, él podría al principio hacer como que tiene que ir más lejos, y podríamos tener el temor de no recibir respuesta alguna. Seguid firmes, queridos hermanos. Estad firmes, inamovibles, a pesar de todo. Más tarde, podría ocurrir, habrá desaliento donde esperábamos un éxito rotundo; encontraremos hermanos que oponen dificultades, algunos se sumirán en el sopor, y otros caerán en pecado; abundarán los reincidentes e impenitentes. Pero no dejamos. Sigamos con mayor ansiedad.
Y si llegara a ocurrir que nosotros mismos nos descorazonamos y nos desalentamos, y sentimos que nunca habíamos estado tan débiles como ahora, no importa hermanos, sigamos adelante, porque cuando se encoge el tendón, la victoria está cerca. Aferraos con más fuerza que nunca. Sea esta nuestra resolución: "No te dejaré ir si no me bendices." Recordad que mientras más tarde en llegar la bendición, más rica será cuando nos alcance. Lo que se obtiene rápidamente por una sola oración a veces es solamente una bendición de segunda clase. Pero la que se obtiene tras un forcejo desesperado, y de una lucha terrible, esta es un bendición completa y preciosa. Siempre es lindo mirar a los hijos de la importunidad. La bendición que nos cuesta más oraciones será la más apreciada. Sólo sigamos perseverando en suplicaciones, y obtendremos una bendición amplia y de largo alcance para nosotros, para la iglesia y para el mundo. Quisiera que estuviera en mi poder el estimularon a la oración ferviente; pero eso debo dejarlo con el gran autor de toda verdadera súplica, a saber, el Espíritu Santo. Que El obre en nosotros poderosamente, por amor a Jesús. Amén.